lunes, 26 de marzo de 2018

MUERTE Y DESTRUCCIÓN



Ellos siguen viniendo cada viernes. Aterrizan en el patio interior, justo al lado de la piscina. Siempre de noche. Las primeras veces que llegaron, lógicamente, nos asustamos. No nos fiábamos. Luego, con el tiempo, nos fuimos haciendo a sus caras afiladas y paliduchas, a sus movimientos rápidos y precisos de velociraptor. Nos hacía gracia cómo lo miraban todo y decidimos darles una oportunidad, tenderles la mano. No sé si alguna vez llegamos a considerarlos amigos, pero sí que los esperábamos con ilusión; era ver las luces de la nave en el cielo y todos los vecinos bajábamos al patio con la tortilla de patata, los filetes empanados y las tartas caseras. Ellos escuchaban muy atentos nuestras historias, y sus ojos, redondos de asombro, de alguna manera avivaban nuestro papel como anfitriones. Daba gusto verlos comer.

Al cabo de tres meses, nadie sabe por qué, se empeñaron en mostrarnos el futuro del planeta y se pasaban las noches proyectando hologramas de guerras y catástrofes naturales: la extinción de las especies, las devastadoras consecuencias del calentamiento global, los paisajes desolados que las armas nucleares dejan a su paso. En resumen: muerte y destrucción.

Nosotros no dudamos de su buena voluntad, y tampoco queremos dejarlos por mentirosos, pero como a nadie le gusta que vengan de fuera a darle lecciones, el tema de los hologramas nos sentó como una patada en las tripas, además, la violencia de las imágenes hacía llorar a los niños, algunos vecinos declararon sufrir pesadillas a raíz de tanta clarividencia, y muchos no tardaron en mostrarse reacios a la hora de continuar con estos encuentros intergalácticos; decían que para ver desgracias ya están los telediarios. 

Por eso ahora nadie sale a recibirlos. Últimamente nos quedamos en la ventana, escondidos tras las cortinas. Ellos no parecen enterarse de lo que ocurre y dan vueltas alrededor de los setos, a veces, incluso miran en la caseta de la depuradora, nos llaman con sus voces aflautadas. Pobrecillos. Lo cierto es que nos da un poco de pena verlos ahí, tan lejos de su casa. Pero ya está hablado en junta. Queremos que nos olviden, que se vayan a dar la murga a otro patio.


1 comentario:

  1. Yep!...Pistonudo. Que vayan a dar la murga a otro patio, "amos no j***s".

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